viernes, 9 de octubre de 2015

Shôwa Memories || Capítulo 1

CHAPTER 1 || UNA CIUDAD PERDIDA EN LAS MONTAÑAS


El té ya hervía. Con cuidado, retiré la tetera del fuego y serví el líquido en el vaso. Le di un pequeño trago para asegurarme que ya estaba a la temperatura ideal.
-Su té ya está listo, señor. -dije, entrando en una pequeña sala donde reposaba.

-Vaya. No me esperaba que fueses tan rápida preparándolo. En la anterior posada tardaron el doble de tiempo. - me escrutó con una mirada fría como el hielo, algo que ya no me intimidaba, puesto que allí ya había visto pasar a todo tipo de personas.

-¿Desea acompañarlo con algo?

-No, gracias.

-Entonces, tiene usted su té en esa salita que hay a su izquierda. También, si prefiere, puedo tomarlo en el salón.

-Me quedo mejor en esta sala.

Acto seguido, se alzó y se fue hacia el lugar que le había indicado.

-Si desea algo, avíseme, ¿de acuerdo? Ahora tengo que ir a hacer unas tareas, pero vendré si usted me llama.

-De acuerdo - dijo el hombre, volviéndome a mirar con sus ojos color negro azabache.

Me escabullí por la puerta que daba a las escaleras para bajar al primer piso, donde el resto de huéspedes deberían estar tomando la merienda. Cuando iba descendiendo por los peldaños, noté un crujido.

"Esto cada día está más viejo" pensé. "Ojalá papá vuelva de hacer la compra y la arregle, porque como esto siga así, vamos a tener problemas".

En el salón, había el ambiente de siempre:los comensales hablaban, comían algo o jugaban a las cartas. Me encaminé hacia la cocina para hablar con Katsue.

-¡Yoru! - ella llevaba el uniforme de camarera:un kimono largo, de color rojo con un delantal blanco al estilo occidental. Estaba troceando un salmón. - ¿Qué tal todo?

-Bien, gracias. - le respondí, sonriendo.

-Yo de ti no me alegraría tanto. ¿Te has enterado del rumor que corre por toda la ciudad?

-No. - Un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Últimamente, los rumores no eran nada buenos.

-Dicen que el gobierno planea enviar una tropa de soldados americanos aquí.

"No. No. No. Por favor, no."

Recordaba perfectamente el comportamiento de ellos. Aunque la última vez que tuve un encuentro con ellos fue hace dos años, aún lo rememoraba como si hubiera pasado ayer. Gritos, golpes, peleas, y mi madre suplicándome que huyera, que nunca hablase con uno de ellos, pero sobretodo, que nunca me enamorara de un estadounidense. Todos esos recuerdos me provocaban náuseas.

-¿Estás bien? - me preguntó Katsue, al ver que algo iba mal.

-S-sí... Es solo que... Eso, ya sabes.

-Ah, lo de hace un par de años... Vale, ya dejo de hablar de eso. Cambiando de tema, ¿quieres una galleta?

-Sí - extendí la mano para cogerla, creyendo que a lo mejor un poco de comida me ayudaría a pasar el mal trago.

Después del aperitivo, nos fuimos a mi habitación a escuchar la radio, una de mis posesiones más valiosas. Me pasé meses ahorrando dinero para poder comprarla. Mi padre ya tenía una en su despacho, pero siempre ponía las noticias y para mí era mucho mejor evitarlas, así que decidí tener una propia.

-¿Qué te apetece? ¿Música, o el programa de cháchara de las tardes? - dije mientras iba sintonizando los canales.

-Música - me contestó Katsue, sacando una baraja de cartas. - ¿Juegas una partida con los Hanafuda?

-Sí. Venga, que si me ganas, te invito a una ronda de sushi.

-Pero si eres la hija del dueño de la posada, lo tienes todo gratis, incluida la comida...

-¿Y si te invito a sushi en el restaurante más caro de la ciudad?

-¿Me lo dices en serio? - me miró buscando mi aprobación, y asentí - Entonces, ¡acepto el reto!

Nos pasamos unas dos horas jugando a los naipes hasta que Tadashi, uno de los cocineros, entró en la sala y me avisó de que tenía una visita. Bajé a la puerta principal, esperándome encontrar a mi padre, que ya debería haber vuelto. Pero en vez de él, el visitante era otra persona que conocía muy bien.

-¡Raiko!

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Fuerte, guapo y agradable eran tres adjetivos perfectos para describir a Raiko Fukuoka. Un chico con el pelo de color azabache, los ojos de un tono verde océano, un carácter amigable y un sentido del humor que podía hacer reír hasta al más apático. El futuro alcalde de aquella ciudad que era Nikko. Y mi prometido.

Conocí a Raiko el día en que tuve que ir a buscar verduras, ya que en la posada se habían acabado y las necesitábamos para hacer tempura. Llevaba dinero, sin embargo, me dejé la bolsa en casa, y durante el camino de vuelta tropecé con una piedra y ¡pum!, todas las verduras por el suelo. Fue cuando oí una voz masculina que me preguntaba "¿Estás bien?".

Los dos éramos amigos desde aquel momento, pero parecía que nuestros padres habían decidido dar un paso más y nos habían prometido. Estaba planeado que nuestra boda se celebrase el diciembre. Nuestro enlace era lo más comentado de la ciudad. Cada vez que él y yo paseábamos por Nikko, siempre había alguien parándonos y preguntándonos cosas sobre el evento. Al igual que, cuando Shiro, mi hermana pequeña, traía amigos a casa, todos ellos me decían, señalándome "¡Es la novia de Raiko!".

A pesar de que nos íbamos a casar, los dos no teníamos ninguna intención de ser pareja. Nos llevábamos muy bien y teníamos una gran amistad, pero nada más. Yo era feliz haciendo tareas en la posada, jugando a las cartas con Katsue y preparando té, no necesitaba un novio. Raiko opinaba lo mismo. Y aunque no nos gustaba la idea de estar casados, nos seguíamos viendo.

Aquella tarde, fuimos a dar un paseo y a rezar al templo. Después de la Segunda Guerra Mundial la religión estaba perdiendo fuelle. Quedaban pocas personas que fueran a rezar o a hacer plegarias, y una de esas personas era yo. Raiko no creía en ningún tipo de dios, pero me acompañaba porque le parecía divertido ver los templos.

Tras nuestra visita, me dirigí hacia mi casa. Allí, llamé a la puerta para ver si alguien me abría. Llame una, dos, tres veces, y nadie me respondió. Me senté bajo un arból, esperando que viniera alguien a recibirme. Finalmente, Katsue me abrió.

-Perdona, Yoru. - sé disculpó - Es que ha sucedido algo malo...

-¿Algo malo? ¿Qué ha pasado? ¿Mi padre se ha intoxicado con algo y se ha muerto? ¿Nos han cerrado la posada? - el corazón me latía a cien - ¿Me han expulsado del clan familiar?

-Será mejor que no te lo cuente por tu bien...

-Katsue... Somos amigas, puedes contármelo todo...

-Mejor no. Si te lo dijera...

Harta de las excusas que estaba utilizando para no contarme la verdad, perdí los nervios y le grité.

-¿¡ME LO PUEDES DECIR DE UNA MALDITA VEZ, IDIOTA!?

Al oírme, su mirada adoptó un tono serioso y se quedó callada. Al final, me respondió.

-Si insistes... Yoru, ¿te acuerdas de lo que te dije? ¿Lo de los soldados americanos? - hizo una pausa y después continuó - Pues al final... Resulta que sí que van a venir, y se alojarán aquí.

Sus palabras me provocaron el mismo efecto que si alguien me hubiera lanzado un cubo de agua fría por la cabeza. ¿Una tropa de soldados americanos en mi casa? ¿Compartiendo habitación conmigo? El rumor se había cumplido:ellos vendrían a Nikko e invadirían mi hogar. Aquellos que me habían hecho sufrir a mi, a mi padre, y habían acabado con mi madre me harían una visita. Inmediatamente tuve ganas de vomitar y salí corriendo de allí.

- Eh, ¿qué te pasa? - la voz de Katsue sonaba cada vez más lejana a medida que me iba distanciando de mi vivienda. - ¿Yoru?

Después de correr durante unos diez minutos, llegué al cobertizo para la leña que utilizábamos para resguardarla; mi refugio en momentos complicados, como este. Rápidamente vomité encima de los troncos. Al acabar, me estiré en el frío suelo y me dormí.

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Cuando me desperté, ya era de noche. El cielo, de color azul oscuro, estaba adornado por las estrellas, que parecían vigilarme desde allí arriba.

"Mierda" - pensé - "¿Qué hora es?"

Me toqué el kimono y me di cuenta de que me había manchado una de las mangas. Suspiré y me dirigí hacia casa, donde todos deberían estar esperándome. Llamé a la puerta y divisé a mi padre con cara de pocos amigos.

-Vaya, vaya, señorita Adachi - cuando él me trataba de señorita, siempre estaba mosqueado por algo-¿se puede saber que haces aquí a estas horas de la noche cuando ya deberías estar cenando?

-¿Qué hora es? - pregunté, un poco dolida por lo que acababa de hacer.

-Las diez y media de la noche. ¿Qué has estado haciendo? ¿Y qué es esta mancha en tu ropa? - me agarró el brazo y me inspeccionó la mancha - ¿Has vomitado?

Asentí.

-¿Te pasa algo? ¿Estás bien de la barriga? - había relajado su tono de voz - ¿Te encuentras bien, Yoru?

-Sí, lo que pasa es que... Ya sabes, lo de los soldados.

Bajó la cabeza y resopló.

-Sea quién sea el que te lo contó, no debería haberlo hecho. Entiendo perfectamente que el incidente de hace dos años te maree... ¿Quieres algo de comer?

-No. Mejor me voy a dormir.

-Entonces, buenas noches.

Subí a mi habitación, me puse el pijama y me acosté en mi cama. Había sido un día muy duro. Aún no sabía cuando vendrían los americanos, pero estaba segura que sería pronto. Intenté dormirme, ya que últimamente descansaba poco. No pude. Tenía esas imágenes grabadas en la mente, como si un escultor hubiera cogido un cincel y las hubiera esculpido en mi cabeza.

Un sinfín de recuerdos atravesaban mis pensamientos como si fueran flechas. Cerré los ojos una, dos, tres veces... Y cuando parecía que ya había conseguido apartarlos, ellos atacaban de nuevo.

Después de un buen rato mirando la pared, le eché un vistazo al reloj:las 11:30 PM. ¿Tanto tiempo había perdido por culpa de mis cavilaciones? Como no sabía que hacer, salí de mi futon y miré por la ventana. Las luces de las casas de Nikko se podían observar, mientras en la lejanía, los montes acompañaban a los edificios y creaban un paisaje. El paisaje de una ciudad perdida en las montañas.

Pensé en mi madre. Una mujer bella, esbelta, con el pelo negro como la noche y los ojos verdes como la hierba. Una mujer que intentó combatir con aquellos monstruos llamados americanos con el fin de protegerme, y que lo acabó pagando con su muerte. Ella les alimentó, les proporcionó un lugar dónde alojarse... ¿y qué le dieron? Patadas, golpes y, al final, el fin de su vida en manos de un puñal. Yo lloraba; ellos reían, disfrutando de aquél espectáculo macabro.

Hacía frío. Cerré la ventana, y me dejé caer en mi futon. Al poco tiempo, ya reposaba tranquilamente.

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Me desperté cuando oí un ruido enorme que venía de abajo. A dicho ruido, le siguieron unos gritos.

"¿Qué habrá pasado?" - me pregunté, mientras me apresuraba a ponerme mi ropa. Elegí un kimono de color azul marino. Abrí la puerta y en seguida vi que había sucedido.

Mi padre había intentado arreglar las famosas escaleras, y el resultado eran dos cosas rotas:uno de los peldaños, y el brazo de mi progenitor.

-¡Papá! - chillé.

-¡Yoru! ¡Llama a un médico! - me ordenó una de las cocineras.

Cuidadosamente, me dirigí hacia el recibidor y cogí el teléfono para marcar el número del doctor, cuando alguien detrás mío me dijo:

-Ya lo hago yo.

Me giré y vi a un chico más alto que yo con un uniforme.

Eso sólo podía significar una cosa:ellos habían llegado.

2 comentarios:

  1. OMG!!!!
    ME HA ENCANTADO!!! *-*
    Aunque los soldados americanos hayan sido unos cerdos que matasen a tu madre ¬¬ que triste T-T
    Al final tuviste que invitar a sushi caro a Katsue? me dejaste con al intriga xD
    [Por ciero, sé que va a aparecer tu querido América y te vas a enamorar, a mi no me engañas Yuuto-chan ¬u¬]
    VAS A SERLE INFIEL A TU PROMETIDO!! XDDD
    Beshos! síguelo!

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    1. Lo del sushi se verá en el capítulo siguiente, te lo prometo. Y no, aunque te pueda parecer muy raro, América no sale, esto es un relato original xD

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